Inteligencia artificial y bibliotecas universitarias ( I parte)

Sady Arturo Loaiza Escalona 

I parte 

Aproximadamente hace más de 10.000 años, las primeras civilizaciones fluviales: Mesopotamia y Egipto, iniciaron el desarrollo progresivo de la agricultura, que pasó de ser una apropiación de la naturaleza a una de producción, lo que era entonces un espacio físico para la subsistencia, se convirtió en el espacio físico para desarrollar la capacidad productiva, a este proceso le conocemos como Revolución Agrícola, repitiéndose más adelante en la India, China, Europa, África y América. Durante esta revolución agrícola las sociedades experimentan grandes progresos en su capacidad productiva, generando una cantidad significativa de alimentos, que ocasiona que un número considerable de personas abandonen las actividades de subsistencia dando origen a la división del trabajo y por consiguiente a la estratificación social y organización política, se da el paso entonces, de las primitivas comunidades agrícolas a sociedades asentadas en la propiedad privada.

 Más adelante en el siglo XVII, cuando más de tres cuartos de la población a nivel mundial subsistía del trabajo agropecuario, tiene lugar en Gran Bretaña-Europa, la primera Revolución Industrial, que representó el cambio de una sociedad cuya economía se basaba en la agricultura y artesanía, a una sociedad industrializada. Se producen cambios rápidos y profundos en todos los sectores de la sociedad: cambios tecnológicos, socioeconómicos y culturales. Los primeros irán desde el uso de nuevos materiales como el acero a fuentes energéticas como el carbón y artefactos motrices como la máquina de vapor, considerada como el motor inicial de la Revolución Industrial. Los efectos de esta revolución industrial se extienden fuera de Europa a finales del siglo XIX.

Así mismo, a finales del siglo XIX principios del siglo XX, entre los años 1870 a 1914, se llevan a cabo importantes avances en la tecnología y por ende en la sociedad, las innovaciones en la producción de acero, petróleo y electricidad llevaron a la introducción de automóviles y aviones públicos. El pensamiento científico avanzaba con grandes descubrimientos en la física y con el perfeccionamiento del método científico, dando paso a la segunda Revolución Industrial

Nuevamente, en la década de 1950, se produce en la sociedad otra Revolución: la tercera revolución industrial o también llamada por algunos revolución científico-técnica, y por otros revolución de la inteligencia, con la que inicia una nueva época de desarrollo del ser humano, la “Era del conocimiento”. Esta tercera revolución industrial se origina con el desarrollo de los mainframes, computadora central capaz de realizar millones de instrucciones por segundo; la microelectrónica y sus aplicaciones a la robótica, entre otras; dando píe a los primeros debates sobre la Inteligencia Artificial, y hacia los años 70 con la aparición de las Tecnologías de información y comunicación (TIC) surge la “Sociedad de la información”, se introduce la transformación digital, la información analógica pasa a formatos digitales, la optimización de los procesos industriales son reemplazados por el procesamiento y manejo de la información, de ahí que las empresas y los sus servicios inician la mejora de sus procesos operativos, diseñando nuevos modelos de gestión integrados a la tecnología.

Cada una de las revoluciones industriales descritas hasta ahora han representado una serie de cambios y transformaciones en todos los ámbitos de nuestra sociedad. Actualmente nos encontramos sumergidos en una sociedad tecnológica, la mayoría de nuestras actividades cotidianas están ligadas al uso de la tecnología, pasamos de la televisión a blanco y negro, al uso de los celulares y de las tablets; del uso del telégrafo al uso del WhatsApp; del uso de los álbum de fotografías al uso de Google fotos y Apple fotos, e inclusive impresiones en 3D.

Observando cómo en los últimos 250 años, el proceso tecnológico humano ha experimentado un crecimiento exponencial en contraste con el desarrollo tecnológico anterior a la Primera Revolución Industrial. Es asombroso notar el empuje social, económico, político y cultural que ha incidido sobre la velocidad con la que hemos obtenido estos últimos avances. En los preludios de la agricultura, el hombre apenas si se organizaba socialmente y la tecnología implementada a los efectos de la producción agrícola experimentaba modificaciones notables en extensos períodos de tiempo. Por poner un caso, la técnica de rotación de cultivos se sofisticó enteramente en el siglo VIII, y tal alcance se produjo casi 10.000 años después desde que los primeros hombres hicieran la primera siembra. La agricultura ha evolucionado y ha optimizado sus procesos de producción por medio de la mecanización, la química y la planificación, desde el siglo XIX hasta nuestros días. Lo mismo ocurre con la medicina, el transporte, los medios de comunicación, la exploración espacial; cuyos avances son el producto de un reacondicionamiento social que permite a los individuos que lo conforman, mayor inversión de tiempo, esfuerzo y recursos para dedicarse a la faena de innovar.

 El hombre soñó con volar durante muchos siglos, gracias a los avances de décadas anteriores pudo alzar el vuelo, apenas transcurrieron 66 años y ya se materializaba la llegada del primer hombre a la luna. Del mismo modo, la magnitud de tal hazaña tiene su equivalencia en la cotidianidad. De lo grande a lo pequeño, el avance tecnológico ha repercutido en lo más inmediato, la tecnología doméstica está tan arraigada a nuestra rutina, que resulta inconcebible prescindir de ella; a tal punto que genera asombro el modo en cómo las generaciones anteriores a la nuestra, se las arreglaban para llevar a cabo sus labores habituales.

Seguimos avanzando en el terreno tecnológico, estamos impulsando entonces la cuarta revolución industrial, señala Klaus Schwab, que esta “comenzó a principios de este siglo y tuvo como base la revolución digital. Está caracterizada por un Internet mucho más móvil y mundial, por sensores más pequeños y más potentes, y por inteligencia artificial y aprendizaje automático". Otros autores la definen como la segunda era de las máquinas, lo indiscutible es que es un mundo más inteligente y más tecnificado que se está construyendo, y que se diferencia de la tercera revolución industrial en velocidad, alcance e impacto en sistemas interconectados, que nos están ayudando a desarrollar autos autónomos, asistentes virtuales, a diagnosticar algunas enfermedades en etapas tempranas. A esta cuarta revolución industrial la caracterizan la biotecnología, robótica, impresión en 3D, internet de las cosas (loT), transmisión, almacenamiento y captura de energía; así como nuevas tecnologías computacionales, realidad virtual y aumentada, cadena de bloques y la inteligencia artificial (IA), estando esta última presente en vehículos conducidos por drones hasta en asistentes virtuales y software de traducción, sin discusión alguna ha logrado la inteligencia artificial avances impresionantes.

 Conocida en sus inicios como inteligencia de máquinas, programación heurística, procesamiento de información compleja y hoy conocida como inteligencia artificial (IA), nombre que surgió en la conferencia de John McCarthy en 1956 en el Dartmouth College, New Hamspshire, se define como el conjunto de métodos, técnicas y herramientas utilizados para construir sistemas que se comporten de manera similar a un humano, es decir que presenten un comportamiento inteligente que suponga percibir, razonar, aprender, comunicarse y actuar en entornos complejos. Hoy la conocemos y mencionamos con diversos nombres, no obstante, siempre ha estado rodeada de polémica y ha sido objeto de discusiones entre especialistas de diversas áreas del saber cómo filósofos, científicos, ingenieros e informáticos. Pero, ¿puede realmente una máquina percibir, pensar y aprender?

   Muchos piensan que al hacer referencia a una máquina que pueda pensar, implica su interacción con el entorno e incluso con otras máquinas pensantes con procesos mentales equiparables al humano. Lo anterior requiere la producción de, ordenadores que procesen información en paralelo, como lo hace el cerebro humano, y no de manera secuencial como lo hacen los convencionales. En un procesamiento secuencial una tarea va después de otra, representa un proceso lento en el que, si se retrasa una tarea, el sistema completo debe esperar. Ahora, en el proceso paralelo, ocurren al mismo tiempo varios procesos que mejoran el rendimiento general del sistema, ya que mientras más nodos actúen en paralelo su velocidad aumentará. Así mismo, la interacción entre una máquina y su entorno conduce a lo que se denomina comportamiento emergente, en donde la funcionabilidad debe verse como una propiedad emergente de la interacción intensiva del sistema con su entorno dinámico, es decir su funcionabilidad se basa en gran medida en las propiedades del entorno.

 El caso es, que hoy en día, la IA está presente en todo momento, aunque en muchas ocasiones ni nos demos cuenta de ello. Suficiente con navegar en internet para que la IA haga acto de presencia, simplemente, con los motores de búsqueda, se estudian nuestros hábitos y comportamientos, al realizar una compra aparece el instante una serie de sugerencias de posibles productos que nos interesaría comprar, utilizando algoritmos de autoaprendizaje que analiza lo que se ha comprado, lo que se ha visto e incluso el horario en que se ha hecho. Igualmente, sucede en servicios como YouTube, que conoce nuestros gustos y nos ofrece películas, series, canciones o videos basados en nuestras preferencias.  

 El avance de la IA ha sido constante, es uno de los proyectos más ambiciosos de los informáticos y como señala Gutiérrez (2006), la inteligencia artificial es una de las áreas más fascinantes y con más retos de las Ciencias de la Computación, considerando la inteligencia como elemento distintivo de los humanos de otras criaturas ya sean vivas o inanimadas, se utiliza para construir programas o computadoras inteligentes, además es concebida como una disciplina encargada de diseñar procesos que al ser implementados sobre una arquitectura física generan acciones que maximizan una medida de rendimiento basada en la secuencia de entradas percibidas y en el conocimiento almacenado en tal arquitectura.

El influjo de todo aquello asociado a la IA, se ve reflejado incluso en la cultura. La literatura moderna y post-moderna aglutina importantes volúmenes de creación en novelas, ensayos y artículos, por consiguiente, afecta otras artes como la cinematografía. Esta producción, sustentada tanto en basamentos científicos sólidos, como especulativos, da pie a nuevas ideas para aquellos que se dedican a la inventiva. Pero aún más, invitan a un nuevo lenguaje reflexivo, paradigmático y filosófico sobre las posibles repercusiones de la IA en nuestra sociedad futura. Surgen de estas manifestaciones escritores como Clarke, Asimov o el maravilloso Verne, que es el más significativo ejemplo del escritor-inspirador, que ha servido de mucho para lo que se ha desarrollado hoy en día. En este terreno, el debate y las nuevas ideas no parecen tener fin; para bien o para mal la Inteligencia Artificial puede significar un soporte esencial en la tecnología que se incorpora a los modos de producción. El éxito de esta se ha visto en el aumento de la eficiencia en nuestras industrias, que luego se traduce en confort en nuestra cotidianidad urbana.

 El Arte imita a la Vida, dijo un célebre filósofo griego. La extensa gama de ejemplos existentes que representan nuestros alcances en lo que respecta a la IA, imita lo que nosotros mismos somos, y siendo más temerarios, lo que nosotros quisiéramos ser. La robótica es la manifestación más tangible de este hecho, la que más atracción genera tanto para expertos como aficionados. Es así como vemos, que tal rama del desarrollo de la Inteligencia artificial ocupa siempre un espacio en las noticias diarias, revistas, y demás estudios; estimulando la competitividad en este campo. Hoy por hoy la robótica se permite estar a la vanguardia de aquellos proyectos asociados con intervenciones quirúrgicas, u otros de igual complejidad como la nanotecnología. Pero si nos permitiéramos definir la automatización en las fábricas, donde existen sofisticadas cadenas de ensamblaje, como una fase inicial de la IA; rendimos cuenta de los efectos que ha supuesto el relevo de la mano de obra humana por parte de las máquinas, en donde estas últimas han sustituido a muchos, generando perjuicios sociales a pesar de los beneficios económicos. A esto se le suma interrogantes, derivadas de lo que supondría delegar responsabilidades de alto nivel a una entidad tecnológica, de la que no se tiene certeza de su criterio y ni del compromiso con la humanidad que la crea. Y en el campo extenso de la literatura de ciencia-ficción, se ponen en discusión estos dilemas; no solo desde el aspecto ético, que intenta reprochar o alentar al Hombre por pretender crear de su propia mano inteligencia autónoma (crear vida, según para algunos), sino por las implicaciones que esto pudiera conllevar a que lo creado desarrolle plena conciencia de sí y de un modo u otro rivalice con la humanidad. El filme Metrópolis de Fritz Lang, que está por celebrar sus cien años, invitó y aún invita a reflexiones asociadas con la IA, en su momento generó furor y temores en la colectividad, pero nótese que como tópico no ha caducado; aún la robótica como la extensión más firme de la Inteligencia Artificial es un tema recurrente, llamativo y enajenante para las masas

 ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas? Es un título reconocido de la literatura de ficción, del subgénero ciberpunk, el cual más allá de su argumento principal plantea cuestiones interesantes sobre el desarrollo pleno de la inteligencia artificial, lo que la humanidad asume sobre este desarrollo, y lo que la “vida”, contenida en esta inteligencia creada piensa de sí misma. Esta novela dio pie a producciones cinematográficas de diversos tipos (y a más producción literaria dentro del género); donde abundan argumentos que vaticinan a la humanidad un final incierto debido a que la IA se convierte en una amenaza a la existencia humana o representa un contendiente, pero sea cual sea la ramificación argumental, estas historias incitan a la reflexión. Tanto en el empleo de la energía nuclear como en la genética, surgen señalamientos en todas las direcciones, producto de algunos errores que el hombre ha cometido en el proceso de dominio de estas tecnologías. Quizás, como si se tratase de un niño, sea necesario que el hombre incurra en ciertos fallos y asuma las consecuentes frustraciones, para que en definitiva tras estos pasos pueda desenvolverse con mayor prudencia y responsabilidad en el uso de la tecnología.

Referencias 

García Fernández, L.A. (2004). Usos y aplicaciones de la inteligencia artificial. La Ciencia y el Hombre: revista de divulgación científica y tecnología de la Universidad Veracruzana 17(3). Recuperado de: https://www.uv.mx/cienciahombre/revistae/vol17num3/articulos/inteligencia/index.htm

 (2017) The NMC Horizon Report. Library Edition. Recuperado de http://cdn.nmc.org/media/2017-nmc-horizon-report-library-EN.pdf

Sloman, A. (s.f.). Artificial intelligence: an illustrative overview. Recuperado de http://quegrande.org/apuntes/EI/4/IA/teoria/09-10/areas_de_aplicacion_de_la_inteligencia_artificial_recomendada.pdf

Somavilla, B.(9 de enero de 2019). Aplicaciones de la inteligencia artificial en las bibliotecas (artículo en un blog). En Biblogtecarios. Recuperado de https://www.biblogtecarios.es/beatrizsomavilla/aplicaciones-de-la-inteligencia-artificial-en-las-bibliotecas/