Integridad académica y herramientas “antiplagio” en el contexto de América Latina.

1. Introducción

La discusión sobre la integridad académica surge durante la década de 1960. Un estudio aplicado a estudiantes de tres universidades norteamericanas arrojó resultados escalofriantes: cerca del 75% de los estudiantes encuestados admitió haber cometido actos deshonestos durante su tránsito por los estudios superiores. La problemática se aborda desde una perspectiva ética, dónde las instituciones universitarias definen un “código de honor” que compromete a los miembros de su comunidad, entre otras cuestiones, a no cometer acciones deshonestas. Durante los años de 1990, por iniciativa de tres universidades (Rutgers, Maryland y Texas A&M) se forma el Centro para la Integridad Académica (CAI por sus siglas en inglés) en 1992. Actualmente dicho centro forma parte del Instituto de Ética Rutland, adscrito a la Universidad de Clemson, añadiendo en su denominación el término internacional, dando por resultado el actual ICAI (International Center for Academic Integrity). (Gallant, 2008)

2. Contexto institucional

Existen instituciones que formulan de forma explícita su visión sobre la integridad académica, otorgándole visibilidad entre conjunto de valores y filosofía institucionales, e incluso, formando comités o áreas específicas de su propia estructura organizativa. Sea uno u otro el abordaje, dichas iniciativas se caracterizan en tres aspectos fundamentales:

• Administrativo: aquí se incluyen la filosofía institucional, normativa y procedimientos, es decir, las reglas claras del juego.

• Tecnológico: adoptar una herramienta para verificar la originalidad de los manuscritos, conocida comúnmente como “sistema antiplagio”.

• Metodológico: dar su lugar al propio criterio del revisor, quien evalúa los resultados arrojados por el “sistema antiplagio”, apoyándose en la normativa institucional, el conocimiento de la disciplina y el dominio de los métodos y técnicas de investigación documental.

Aprovecharemos este espacio para revisar el uso de las “tecnologías antiplagio” en el marco de una política institucional de integridad académica, dónde observaremos como se transita de una perspectiva legalista hacia otra abiertamente educativa, dónde incluso de da vuelta al término “plagio”, sustituyéndolo por la frase “detección de similitud”, y no a manera de eufemismo, sino por su precisión semántica. A continuación, detallamos cada uno de estos tres aspectos.

a) Administrativo

La noción de integridad académica engloba todo tipo de acto deshonesto, desde el plagio académico hasta el fraude y la corrupción administrativos. Esta perspectiva, que descansa sobre el ejercicio y compromiso personal con cinco valores fundamentales (honestidad, confianza, justicia, respeto, responsabilidad y coraje), puede ser percibida y aplicada con un sentido “legalista”: funcionarios de alto nivel y académicos de gran prestigio son descubiertos cometiendo plagio en sus tesis, se retiran grados académicos y los políticos dimiten de sus cargos. Las instituciones académicas afectadas ven vulnerado su prestigio y, en muchos casos, definen estrategias punitivas y hasta abiertamente inquisitoriales frente a la comunidad académica, para demostrar al conjunto de la sociedad que en sus respectivos claustros están libres de toda mancha.

En América Latina, las instituciones afiliadas al ICAI son la Pontificia Universidad Católica de Chile, la Universidad EAFIT en Colombia, la Universidad del Turabo en Puerto Rico y las Universidades de Monterrey, Panamericana, Tecmilenio y el Tecnológico de Monterrey, estás últimas en México. Producto de la iniciativa de algunas de las instituciones citadas, surge la revista Integridad Académica (http://integridadacademica.org/), publicación bimestral que promueve los valores de integridad académica formulados por ICAI en América Latina.

Los casos arriba citados promueven la integridad académica a nivel institucional, pero ¿existe alguna iniciativa de carácter nacional?

b) Tecnológico

En este punto, un caso emblemático lo aporta la República del Ecuador, dónde la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (SENECYT), mediante un acuerdo ministerial publicado en 2014, define una política gubernamental para combatir el plagio académico, formulando las reglas del juego e indicando a las instituciones educativas adoptar una herramienta tecnológica para ello. Con base en lo anterior, el gobierno ecuatoriano suscribió la herramienta URKUND, para dotar con dicho servicio a todas las instituciones públicas del país.

Pero, ¿cuál es el alcance y la precisión de este tipo de herramientas? En ese sentido, este grupo de investigadores analizó 15 sistemas basados en web, entre los cuales figura URKUND. Es de capital importancia enfatizar que los resultados de dicho estudio reconocen que el factor humano para evaluar los resultados del análisis y detectar el uso deshonesto de fuentes de información es insustituible. De acuerdo al estudio citado, la prueba realizada a los 15 sistemas evalúa los siguientes aspectos:

Cobertura: ¿qué porcentaje de los hallazgos puede ser considerado como plagio? ¿cómo interactúa el sistema con el texto original?

Usabilidad: ¿qué tan fluido puede ser el proceso de prueba en sí mismo?, ¿qué tan legibles resultan los resultados del análisis?, ¿qué tan caro es el sistema? (Fishman, 2020)

Es importante destacar que la muestra analizada incluyó documentos confeccionados en 8 idiomas, incluyendo al español, dónde se afirma que URKUND es la herramienta con mejor desempeño en dicho idioma (p. 16). Adicionalmente, URKUND resulta ser la herramienta con mejor desempeño en los siguientes indicadores:

1. Mayor eficacia contrastando contenido con Wikipedia (una de las fuentes de plagio más comunes).

2. Mejores resultados al identificar similitud con tres técnicas comunes de plagio: copiar-pegar, cambiar sinónimos y detección de parafraseo.

3. Detección de traducciones y contraste con lengua extranjera.

4. Detección de una y/o múltiples fuentes en un mismo hallazgo.

En resumen, URKUND obtiene los mejores resultados en 5 de 8 aspectos a evaluar en el estudio citado.

c) Metodológico

En este ámbito destaca el papel protagónico del revisor, quién con base en los resultados del análisis, decide si el documento revisado incluye “deslices metodológicos” o manejo deshonesto de la información. Hasta el momento, ninguna tecnología antiplagio puede desplazar el criterio del ser humano. Sofía García-Bullé publica en el sitio del Observatorio de Innovación Educativa del Tecnológico de Monterrey lo siguiente:

“Hasta ahora, la idea [incorporar los valores de integridad académica en la cultura académica institucional] parece muy simple, sin embargo, una gran cantidad de estudiantes carecen del conocimiento para comprender en su totalidad todo lo que abarca la integridad académica y cómo aplicarla a la vida escolar. […] Cuando pensamos en deshonestidad académica nos viene a la mente la idea del estudiante que copia las tareas o que hace trampa en el examen, este estereotipo es una de principales causas por las que los códigos de ética no se cumplen en las escuelas. Las infracciones más comunes ni siquiera son voluntarias, más bien se deben a un déficit de conocimiento acerca de una práctica académica muy simple: la bibliografía, citas y referencias.” (García-Bullé, 2019)

De acuerdo con lo anterior, y a manera de conclusión, el uso de tecnología antiplagio en contextos académicos se ubica en el terreno educativo más que en el legal, enfatizando la importancia de formar a nuestros estudiantes, no solo bajo un marco ético, sino también destacar la necesidad de establecer actividades educativas que desarrollen las habilidades necesarias para crear contenido original, de acuerdo con los métodos y técnicas de la investigación documental.

3. Referencias

Gallant, T. B. (2008). Moral panic: The contemporary context of academic integrity. ASHE Higher Education Report, 33(5), 1-12.

García-Bullé, S. (2019). Integridad académica en el siglo XXI, ¿está obsoleta? Observatorio de Innovación Educativa. Tecnológico de Monterrey

Fishman, T. (2014). The fundamental values of academic integrity. International Center for Academic Integrity, Clemson University.

SENESCYT. (2014). Acuerdo ministerial No. 2014 – 152. Gobierno de la República del Ecuador.

Tomáš, F., Dita, D., Alla, A. N., Salim, R., Július, K., Laima, K., ... & Weber-Wulff, D. (2020). Testing of support tools for plagiarism detection. International Journal of Educational Technology in Higher Education, 17(1).